Cuando el cliente quiere cosas imposibles
27 de julio, 2007 // 10 Comentarios
Tanto en el mundo del diseño Web, como en tantos otros, ocurre en ocasiones que el cliente se cree más profesional que la persona a la que contrata, y exige ciertos cambios que no tienen ningún sentido, o directamente no se habían contratado.
El proceso que seguimos nosotros cuando nos contratan para realizar un diseño web, es el siguiente:
1. Análisis de cliente. ¿Realmente merece la pena? ¿Necesita una Web? ¿Para qué? ¿Tenía ya algo hecho?
2. Análisis de necesidades. ¿Qué necesita? ¿Cuáles son sus objetivos con esta web? ¿Qué retorno espera tener? Porque si le voy a cobrar 2000 o 3000€, él querrá obtener unas ganancias de al menos el doble de esa cantidad (o mucho más!).
3. ¿Qué herramientas pueden cumplir con esos objetivos? ¿Un blog? ¿Unos foros? ¿Una web estática con animación flash?
Una vez estudiado todo eso, y teniendo en cuenta el presupuesto que tiene el cliente, se establece un plan de acción, con unos hitos, y unas especificaciones de producto muy claras, y firmadas por contrato.
Generalmente entregamos un solo boceto, porque nosotros, somos profesionales en saber lo que necesita, y no nos importa lo que le guste o le deje de gustar.
Entonces… ¿Qué ocurre cuando de repente, en medio de un proyecto, te dice…? Por cierto, es que también quiero eso de que la gente pueda dejar mensajes…. esto… foro! O, es que quiero que hay animación, mucho movimiento, y pueda poner los videos que crea mi sobrino en la empresa.
Evidentemente la respuesta es negativa, y esta puede ser por dos motivos:
a) No lo hago porque NO quiero. Para hacer un producto de calidad, es imposible que ponga esa cutrez. Si quieres que el sistema sea usable, no voy a incorporar esa funcionalidad
b) No me vas a pagar lo que cuesta hacer eso. si eso cuesta 15 horas de mi tiempo, te lo tengo que cobrar, y en el presupuesto actual está estrictamente lo que hemos acordado.
Estas situaciones se dan mucho, demasiado a menudo, y al final, vamos aprendiendo a paliarlas. Algunos consejos:
- Establecete siempre como el profesional, el consultor, el que sabe lo que el cliente necesita. No eres un proveedor de herramientas, eres un proveedor de conocimiento, que luego se aplica a un código.
- Deja claro al cliente que él no tiene ni idea, y que no le vas a permitir decirle cómo tienes que hacer tu trabajo. Igual que cuando un fontanero va a su casa, no le dice qué tipo de junta usar, tu vas a utilizar las tecnologías que considereres oportunas.
- No eres diseñador Web. O al menos, esa solo es una pequeña parte de tu labor. Eres consultor en tecnologías de la información (esta afirmación me ha dado más clientes de los que nunca hubiera imaginado).
- Analiza bien todas las necesidades, establece una planificación, y crea una hoja de requisitos y de funcionalidades. Esta hoja debe ser firmada por ambas partes.
- Firma siempre un contrato que deje bien atadas todas las posibilidades. ¿Qué pasa cuando alguien se retrasa? ¿Y si el cliente tarda un mes más en pasarte algunos textos o fotografías? Establece que cualquier retraso por parte del cliente elimina parte de tus responsabilidades en fechas. Y por supuesto, deja siempre claras las fechas, o bien en función de jornadas laborables, o en días concretos de entrega de materiales, o finalización de hitos.
- No pases por el aro a la primera. Aunque veas claro que tiene razón, no le digas que lo harás a la primera. Di al cliente que tienes que pensar bien todas las implicaciones de esa funcionalidad, y piénsatelo dos veces antes de decirle que si. Si aceptas sin pensarlo un pequeño cambio, mañana te puede venir con algo más grande.
- Cobra siempre una parte entre el 30 y el 50% del proyecto antes de mover un dedo. Si no pagan nada, no se sienten con responsabilidad, y puede pasar cualquier cosa. Tener un contrato siempre es una garantía, pero es preferible no entrar en temas judiciales.
- Si subcontratas partes del proyecto, o trabajas con gente freelance, cierra muy bien las fechas, y asegúrate que no puedan “saltarte” y conseguir al cliente. Cierra los requisitos y las especificaciones igual de bien que con el cliente. Ten en cuenta que si ellos la pifian, el que da la cara al cliente final eres tu.
- Y por último… si es posible, que te subcontraten. Lo mejor que te puede pasar es que no trabajes con cliente final, y que la persona que te da los requisitos sea un profesional. ¡Te quitará más de un dolor de cabeza!
Por supuesto, estas casuísticas se dan solo con PYMEs, ya que cuando hablamos de empresas más grandes, y entramos al nivel de consultorías, la situación es muy distinta.